lunes, 24 de septiembre de 2012

***¿Cuál es la diferencia entre creencia y FE?***




¿Cuál es la diferencia entre creencia y fe?


La FE  ES  una FUERZA mayor.


Es rendirse al corazón.


A medida que vas saliendo del sueño,  te vas dando  cuenta de que la fuerza mayor es en realidad tu PROPIA GRANDEZA.


La cabeza está siempre en contra de la FE.


Ella dice, "¡No seas ridícula! No hay prueba de eso, es absurdo":


Te proyecta a la dualidad.


Pero el corazón, que es la conciencia, sabe la verdad.


 Pue­de ver a través de la ilusión y CREE.


A medida que se expande tu conciencia, tu FE, las cosas que resuenan profundo en tu corazón, se vuelven tu
experien­cia directa.


Las ves claramente y los argumentos dubitativos de la mente se disuelven en la luz de la verdad.


La única forma de percibir la verdad es a través de la ex­pansión de la conciencia.


Hasta entonces, va a haber momentos en el proceso de sanación en los que tenemos  que confiar.


Tu corazón va a saber qué hacer, pero va a depender de vos elegir las preocupaciones de la mente, o rendirte a
la forma del corazón.


Es como cuando alguien q da conferencias…..pongamos  un  sabio chaman, o un Choopra,  o un Tolle,  que nos gusta mucho o con quien nos
identificamos, por ejemplo mientras sabemos de el…….leemos, lo escuchamos,
sentimos su energía…….todo está bien…..pero si llegamos a   “hablar” de forma personal con esa
persona….en cuanto vemos q es “normal”……., co­mienzan los
juicios…...ahhhhhhh…..


 La cabeza entra en juego.


 Pero el impacto inicial de la conciencia movió nuestros  corazones, antes de que la
mente tuviera  la posibilidad de
resistirse…. Ahí estaba el anclaje q debíamos hacer……


¡A raíz de esto es esta  historia que circula por ahí!





Érase una vez, un
rey. Amaba a su gente y solía disfrazarse como un mendigo, para poder observar
la vida de sus súbdi­tos sin ser reconocido.


Un día, vio a un hombre joven, sentado cerca de la fuen­te en el parque, mirando
fijamente a lo lejos, con cara de se­rena contemplación. Se acercó y le
preguntó qué estaba ha­ciendo. Girando su cabeza para ver al rey disfrazado, el
joven respondió con ojos tan llenos de amor, que el rey se sintió conmovido:


"Estoy observando mi reino".


Aunque su respuesta normalmente hubiera ofendido in­mensamente al monarca —después de todo, era su reino, no el
del joven—, estaba tan impactado por su profunda presencia, que no supo cómo
responder. Él se volteó y corrió de regreso al castillo en la suscitada
confusión.


Durante los próximos días, el rey se aseguró de visitar siem­pre al joven durante sus viajes al pueblo. Cada
vez que lo veía, le preguntaba lo mismo y siempre recibía la misma mirada de
paz profunda y amor inocente, y la misma respuesta misteriosa:


“Estoy observando mi reino".


Después de pensarlo mucho, el rey decidió que este joven no era en realidad un tonto insolente, sino que, en
realidad, era un gran sabio.


Decidió revelarle su verdadera identidad y pedirle que vi­niera y pasara una noche en el castillo. Quería
descubrir el se­creto de la iluminación de este chico y poder alcanzar la misma
experiencia interna de libertad.


Sacándose el disfraz de repente, alardeando y revelando triunfalmente su verdadera identidad, el rey se quedó
descon­certado al ver la respuesta despreocupada e indiferente del joven. Su
incredulidad creció cuando el chico aceptó su invita­ción a pasar una noche en
el castillo, sin la más mínima muestra de emoción o gratitud.


Sin embargo, complacido de que hubiera aceptado, lo lle­vó directamente de regreso al castillo en el carruaje real.


Como gesto de hospitalidad, le ofreció la suite más sun­tuosa de todo el palacio.


El joven aceptó.


Al día siguiente, queriendo compartir más tiempo cerca de su nueva fuente de sabiduría, el rey lo invitó a
quedarse otra noche.


El joven aceptó.


El tiempo pasó y el joven seguía aceptando indiferentemente la generosa hospitalidad del rey.


Después de unas pocas semanas, el rey se sintió obligado a ofrecerle un regalo, como era acostumbrado en esos lugares.


El joven aceptó las finas prendas que el rey puso frente a él. Y los manjares importados.


Y las prendas de oro.


A medida que pasaba el tiempo, el rey se volvía más im­paciente. Le había dado lo mejor al chico ¡y él aún no
le había revelado su secreto! En realidad, ¡difícilmente le había dirigido la
palabra al rey durante toda su estadía! Empezó a sentir resentimiento. Comenzó
a preguntarse si el joven era realmente un sabio, o si sólo estaba
aprovechándose de su generosidad.


Para no ser descortés, el rey no le dijo nada al joven acer­ca de sus dudas, pero a medida que pasaban los días,
éstas cre­cían y crecían.


Un día, cansado de la espera y desconfiando de las inten­ciones del chico, el rey decidió confrontarlo.


Fue a su habitación, ¡decidido a preguntarle si todavía estaba observando su reino! Estaba seguro de que el
chico no iba a estar haciendo nada por el estilo: ¡probablemente estaba dor­mido
o como un haragán en su cama!


Irrumpiendo en la habitación, con su pecho hinchado de orgullo, se volteó para hacerle la pregunta al chico...


Pero antes de que tuviera tiempo para hablar, el joven alzó su mano y mirándolo fijamente con sus ojos llenos de
sere­nidad, dijo:


"iEspera!


Yo sé lo que me vas a preguntar. Tienes algo que pregun­tarme desde hace mucho tiempo. Pero no voy a
contestarte. En cambio, quiero que vayas y le ordenes a tus sirvientes que ensi­llen
dos de tus mejores caballos. Hoy, debemos ir de paseo".


El rey, tan poco acostumbrado a recibir órdenes y nuevamente impactado por la mirada penetrante del chico, salió de la habitación
en silenciosa confusión y fue a preparar los caballos.


En la entrada, los dos hombres se montaron en los caba­llos. El joven arrancó, galopando tan rápido, que al
rey le tomó unos segundos alcanzarlo.


A máxima velocidad, galoparon a través del boscoso valle, llegando al otro lado más velozmente de lo que nunca
lo había logrado el rey. Cuando llegaron a
la cima, la
vista
impresio­nante del enorme reino se vislumbraba frente a ellos. El joven no
mostró señas de detenerse, continuó galopando hacia abajo por el otro lado de
la montaña, mientras el rey intentaba se­guirle el paso.


Galoparon por horas, dejando bien atrás las paredes del castillo. El joven no se veía agotado y el rey, sin
querer parecer débil, tuvo que usar toda su energía para continuar. Cuando
finalmente no pudieron cabalgar más, eligieron un lugar al lado del camino para
descansar. A la mañana siguiente, par­tieron de nuevo, el joven galopando cada
vez más lejos del castillo.


Cabalgaron y cabalgaron durante días por lugares del rei­no que el monarca ni siquiera había visto antes. El
rey comenzó a cuestionarse si algún día dejarían de cabalgar pero la be­lleza
de
la tierra era tan cautivadora, que
empezó a disfrutar del viaje.


Un día, después de muchos meses, llegaron a una reja. El joven saltó la cerca en su hábil semental, pero antes
de hacerlo, el rey gritó:


“¡Espera!


Yo no puedo cruzar esa cerca".


El joven miró a su alrededor, sus ojos sonreían con alegría y regocijo inquisitivo.


"Esta cerca marca el límite de mi reino”; explicó el rey. "Más allá, no tengo nada. Todo lo que yo soy está en este lado de la cerca. Yo no puedo continuar".


"Eso" replicó el joven, sus ojos encendidos con la luz de la vida, “es la diferencia entre tú y yo. Tu reino está
contenido dentro de esta cerca, pero el mío está en mi corazón y lo llevo
conmigo adonde quiera que vaya".


Así, se volteó, atravesó la cerca con un salto elegante y se fue galopando, lejos en la distancia……….





Esta historia ilustra hermosamente, cómo los miedos de la mente
pueden nublar la claridad del corazón.


 El rey ve la sabiduría del chico al principio, pero luego su cabeza co­mienza a dudar.


 Comienza a verse a sí mismo y después no puede ver más al sabio.


 Sólo puede ver sus propios juicios y el miedo.


Pero debajo de todo eso, el corazón SABE la verdad….y el corazón es LIBRE……la mente es la que está
encarcelada…..


Amado Amigo/compañero de sendero/Preciosa Alma Alada que en mi habitas….sólo CAMINA
los intrincados laberintos de la
VIDA con la FE
de un navegante apasionado…….Sólo eso…y mientras caminas COMPARTE las llaves
que vayas encontrando a tu paso, con otros peregrinos en el camino……porque la
generosidad con que compartas tus visiones y vivencias será lo que te alinee
con el sagrado linaje del MAESTRO  que
habita dentro tuyo!!!!!


TE AMO SIEMPRE, YO SOY OTRO TU!!!!!





n

Respuestas a esta discusión

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Es un cuento maravilloso, mi querida Susana. ¡Gracias por compartírnoslo! Abreso di luce
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muy bonito,gracias
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Siempre los miedos y la duda impidiendo el bendito encuentro con nuestro Ser. Qué tarea nos ocupa!!! Pero por el camino vamos y nos encontramos y nos bendecimos y nos abrazamos en el Amor
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hola susana. esto se llama. las energias femeninas en espancion, compartidas con la sabiduria masculinas . ustedes todas son magicas . esto es signo de fe . gracias
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Bellisimo mil gracias
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acias...gracias....gracias...pr comparti hermoso relato mil bendiciones y un abrazo de luz

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